Beatificación de los Mártires de Argelia

Mártires Tibhirine de Argel

Mártires Tibhirine de Argel

Los mártires de De dioses y hombres serán beatificados
el 8 de diciembre

Beatos Mártires de Argelia

Beatos Mártires de Argelia

La causa de canonización de 19 mártires asesinados durante la guerra civil en Argelia, entre los que se encuentra el obispo Pierre Clavarie y los mártires de Tibhirine, «ha avanzado extremadamente rápido por deseo del Papa Francisco»

            El Papa no estará presente en la beatificación de los mártires de Argelia, el próximo 8 de diciembre. Desde que en enero se reconoció el martirio de monseñor Pierre Clavarie, los siete mártires de Tibhirine y otras once personas –seis mujeres y cinco hombres– asesinadas por odio a la fe en el país entre 1993 y 1996, el Gobierno argelino ha invitado a Francisco a visitar su país.

            El ministro de Asuntos Religiosos del país, Mohamed Aïssa, reiteró la invitación este mismo fin de semana, cuando la Conferencia Episcopal Argelina ya había anunciado el viernes que la celebración estará presidida por el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

            A pesar de mostrarse consciente de que la «agenda» del Pontífice no le permitirá estar en el santuario de Nuestra Señora de la Santa Cruz de Orán, Aïssa no ha descartado que el Santo Padre pueda rendirles homenaje sobre suelo argelino en cualquier otro momento. Ha agradecido además el «reconocimiento religioso» que supone la beatificación de estos mártires que «eligieron quedarse y servir en Argelia» incluso ante la amenaza del terrorismo islamista.

Impulso de Francisco

            Sin embargo, Francisco está muy interesado en la causa y, de hecho, su impulso está detrás de que esta haya llegado a buen puerto solo cinco años después de haberse abierto. En una entrevista a Radio Cristiana Francófona (RCF), el obispo de Orán y sucesor de monseñor Clavarie, monseñor Jean-Paul Vesco, explicó que al principio «la Iglesia estaba dividida» sobre la oportunidad de iniciar el proceso.

            Finalmente se puso en marcha con el propósito de adelantar todo el trabajo de investigación, pero asumiendo que probablemente pasarían décadas antes de que se vieran los frutos. Para su sorpresa, «a principios de 2017 nos advirtieron de que la causa había avanzado extremadamente rápido por deseo del Papa Francisco, y que era necesario preparar a nuestra Iglesia para vivir este evento».

«No podría alegrarme por el martirio»

            Del grupo de 19 mártires, los más célebres son los siete monjes trapenses del monasterio Nuestra Señora del Atlas, en Tibhirine. Su decisión de quedarse en Argelia durante la guerra civil entre las fuerzas del Gobierno y grupos islamistas se relata en la película De dioses y hombres (Xavier Beauvois), que en 2010 ganó el Gran Premio del Festival de Cannes.

            Esta cinta popularizó el dilema al que se enfrentó la comunidad, y el impresionante testamento de su superior, el hermano Christian de Chergé. En él se refería a su hipotético asesino como «amigo del último instante» y escribía, entre otras cosas, que aunque aceptaba el martirio «no veo cómo podría alegrarme que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato».

            Después de haber decidido no dejar el país, siete de los monjes de Tibhirine fueron secuestrados por el Grupo Islámico Armado (GIA) en marzo de 1996 en su monasterio de Nuestra Señora del Atlas. Su muerte, de la que nunca se conocieron las circunstancias exactas, se confirmó el 23 de mayo.

Dos mártires españolas

            Ligado a ella está el asesinato del entonces obispo de Orán, monseñor Piere Clavarie. Una bomba colocada en su jardín acabó con su vida y la de su chófer, musulmán, el 1 de agosto de ese mismo año; precisamente cuando volvía de presidir una celebración en sufragio del hermano Christian y sus compañeros.

            Nacido en Argelia de una familia francesa, Clavarie fue alejándose de la mentalidad colonialista de su entorno hacia una visión de los musulmanes como hermanos. Tras hacerse dominico y ser ordenado sacerdote en 1965, volvió a la Argelia ya independiente. Allí, puso en marcha iniciativas para profundizar en la cultura árabe. Una apuesta que siguió tras su elección como obispo, en 1981.

            El obispo y los trapenses fueron los últimos religiosos martirizados. Las muertes empezaron el 8 de mayo de 1994, cuando el marista Henri Vergès y la hermana Paul-Hélène, religiosa de la Asunción, fueron asesinados en el despacho del primero en la biblioteca que dirigía en Argel.

            El 23 de octubre de ese mismo año, coincidiendo con el día del Domund, eran asesinadas a tiros las agustinas misioneras españolas Esther Paniagua Alonso y Caridad Álvarez Martín. Meses antes se habían despedido de sus familias en España, conscientes de que en cualquier momento podrían ser asesinadas. «Si nos pasa algo, seguimos estando en las manos de Dios», dijeron las misioneras a sus familias en la despedida. En plenas fiestas de Navidad, el 27 de diciembre, fueron abatidos en el convento de Tizi-Ouzou los padres blancos Jean Chevillard, Alain Dieulangard, Charles Deckers y Christian Chessel.

114 imanes asesinados

            Las muertes continuaron al año siguiente, aunque con una pausa de varios meses. El 3 de septiembre, a pocos metros de su casa de Argel, donde realizaban talleres de costura, arte y puericultura para hijas de familias sin recursos, fueron asesinadas las religiosas de Nuestra Señora de los Apóstoles sor Angèle-Marie Littlejohn y sor Bibiane Leclercq. Acababan de salir de Misa. También en Argel y dos meses después, el 10 de noviembre, fue asesinada camino a Misa la hermanita del Sagrado Corazón –congregación fundada por Carlos de Foucauld– sor Odette Prévost.

            En la entrevista a la RCF, monseñor Vesco recordó que, entre las 200.000 víctimas mortales de la guerra civil argelina, se encuentran también 114 imanes que se negaron a apoyar la violencia de los extremistas. Los futuros beatos –continuó– fueron «verdaderos héroes de lo cotidiano», que se negaron a abandonar el país porque «amaban a las personas con las que vivían, y eran amados por ellas».

Testimonio de toda una Iglesia

            La decisión de unir sus muertes en una única causa –explicó el obispo de Orán– pretende transmitir que su beatificación «no es el testimonio de 19 personas asesinadas, sino el testimonio de vida de toda una Iglesia solidarizada con un pueblo al que ha sido enviada».

            Por su parte, los obispos se refieren a los futuros beatos como hombres y mujeres que trabajaron «a favor de los niños, los enfermos, los hombres, las mujeres y la juventud argelina». «Desde Argelia, su beatificación será un impulso y una llamada para el Iglesia y para el mundo para construir juntos un mundo de paz y fraternidad».