¿Cuáles son los Santos preferidos del Papa Francisco?

Ignacio de Loyola y el Papa Francisco

¿Cuáles son los santos preferidos del Papa Francisco?

San José, Santa Teresita, San Francisco e Ignacio De Loyola,
Santos de cabecera de Bergoglio

El Pontífice argentino es el Papa que más ha canonizado
en la historia de la Iglesia católica

 

Imagen de San José dormido en Santa Marta

Imagen de San José dormido en Santa Marta

Por difícil que pueda parecer -y aunque los datos encierren una verdad a medias-, la estadística establece que Francisco es el Papa que más santos ha canonizado en la historia de la Iglesia. Con Faustino Míguez, son 885 los inscritos en el libro de la santidad en estos cuatro años, casi el doble que Juan Pablo II.

            Bien es cierto que la práctica totalidad -815- lo fueron en una ceremonia conjunta, la de los mártires de Otranto, que tuvo lugar el 12 de mayo de 2013 (dos meses después de su elección), y cuya santidad había sido decidida por su antecesor, Benedicto XVI.

            No es Francisco un Papa de santos y capillitas, aunque sí que tiene devoción, y mucha, por la Virgen María (especialmente, en sus advocaciones como Desatanudos, Aparecida y Fátima). Pero Bergoglio también tiene ‘sus’ santos. En el Día de Todos los Santos, nos preguntamos ¿cuáles son?

San José, el padre protector

            El Papa Francisco tiene una gran devoción por San José. No en vano, decidió iniciar su pontificado el día 19 de marzo, y dedicar su Papado al padre de Jesús, el santo custodio por naturaleza. Y es san José quien aparece en ese deseo de “custodia de la creación” que se vio reflejada en dos de los grandes documentos de este pontificado: Evangelii Gaudium y Laudato Si.

            En su primera homilía como Papa, Bergoglio recalcaba que “incluso el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su fuente luminosa en la Cruz; debe ver el servicio humilde, concreto, rico de fe, de San José y, como él, debe abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, sobre todo a los más pobres, a los más débiles, a los más pequeños… ¡Solo quien sirve con amor sabe custodiar!”. Una reivindicación del santo más olvidado (excepto en el Belén), y a cuyo cuidado Francisco quiso consagrar, además de su pontificado, todo el Estado de la Ciudad del Vaticano en julio de 2013.

            Una muestra gráfica de esta devoción por San José está a pocos metros de su cama. Justo enfrente de la habitación 201 de la Casa Santa Marta, donde reside el Papa, hay una estatua del carpintero a cuyos pies Francisco deja papelitos con peticiones de gracias escritas por él mismo. Cuando los papelitos se vuelven demasiados, porque “el Santo Padre hace trabajar mucho a San José”, la estatua se levanta un poquito… confesó recientemente el Pontífice.

            “Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema”, apuntaba el Papa, quien añadía que “al igual que san José, una vez que hemos oído la voz de Dios, debemos despertar, levantarnos y actuar, en familia hay que levantarse y actuar. La fe no nos aleja del mundo, sino que nos introduce más profundamente en él. Es muy importante”.

Francisco, el santo de Asís

            Junto a San José, otros tres santos son especiales para el Papa. San Francisco de Asís, por el que tomó el nombre; San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús; y Santa Teresita del Niño Jesús. Así lo confesaba el Papa durante un encuentro con un grupo de niños en el Aula Pablo VI, con ocasión de la publicación del libro “El amor antes del mundo. El Papa Francisco escribe a los niños”, editado por los jesuitas de EE.UU.

            “¿Qué santo usted admira más?”, preguntó uno de los niños presentes, y el Papa respondió: “Tengo varios santos amigos, no sé a cuál admiro más, pero soy amigo de Santa Teresita del Niño Jesús, soy amigo de San Ignacio, soy amigo de San Francisco y los admiro a cada cual por alguna cosa. Pero yo diría que son los tres, quizás, que más me llegan al corazón”.

            La elección del nombre de Francisco no fue una casualidad. El cariño que el primer Papa jesuita de la historia tiene respecto al santo de Asís viene de lejos. Prueba de ello han sido sus visitas a la Porciúncula, y la primera encíclica “verde”, Laudato Si, que coloca a la “hermana Tierra” en el centro de la vida humana. San Francisco es, sin lugar a dudas, el santo que más llegó a parecerse a Jesús, y eso también pretende Bergoglio: acercarse al Evangelio, y llevar a la Iglesia a seguir, lo más fielmente posible, el mensaje de Jesús de Nazaret. Además, hay que recordar el famoso “No te olvides de los pobres”, que le espetó el cardenal Hummes nada más ser elegido Papa. Inmediatamente, Bergoglio recordó al ‘poverello’ de Asís, y de ahí vino el nombre.

Ignacio de Loyola, el santo de las periferias

            En cuanto a San Ignacio de Loyola, la identificación es directa. Jorge Bergoglio es hijo de Ignacio en cuanto jesuita, y el espíritu de la Compañía de Jesús marca indefectiblemente su pontificado, y su amor por las periferias, el riesgo y “el lío”.

            Además, el Papa tiene una marcada espiritualidad de los ejercicios espirituales y, a diferencia de lo que algunos puedan creer, necesita de momentos de profunda reflexión y silencio, al modo de lo que enseñaba el fundador de la Compañía.

            Ambos personajes se parecen en ser hombres de oración, enamorados de Jesucristo, apasionados por el Evangelio, de profundo discernimiento espiritual y con un amor a la Iglesia que contagia. Hombres que han escrito, tanto san Ignacio como el Para Francisco, la historia de su vida con la pasión de una sangre entregada por Jesucristo en su día a día.

Santa Teresa de Lisieux y la rosa blanca

Francisco con la rosa para Santa Teresa del Niño Jesús

Francisco con la rosa para Santa Teresa del Niño Jesús

En cuanto a la santa de Lisieux, la intensa devoción del Papa viene de lejos. Así, en ‘El jesuita’, la biografía del Papa escrita por Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti, Bergoglio apuntaba que “cuando tengo un problema, le pido a la santa, no que lo resuelva, sino que lo tome en sus manos y me ayude a asumirlo y, como señal, recibo casi siempre una rosa blanca”.

            De hecho, en su viaje a Río de Janeiro en julio de 2013, Francisco portaba, en su ya famosa maleta negra, un libro de Santa Teresa de Lisieux y suele rezar la siguiente oración: “Florecita de Jesús, pídele hoy a Dios que me alcance la gracia que yo ahora pongo con confianza en tus manos”. Además, en uno de los estantes de la biblioteca tiene un cuenco lleno de rosas blancas, símbolo de esta Santa.