El Papa invita a «aprender de memoria las Bienaventuranzas”.

Sermón del Monte. 1912. Rudolf Yelin

Sermón del Monte. 1912. Rudolf Yelin

El Papa invita a «aprender de memoria las Bienaventuranzas, repetirlas y tenerlas en la mente y en el corazón»

El Sermon de la Montaña. Jan Brueghel the Elder, 1598

El Sermon de la Montaña. Jan Brueghel the Elder, 1598

«Son el ‘carnet de identidad’ del cristiano y el camino bello y seguro de la felicidad»

            «Cada bendición está compuesta de tres partes: la palabra ‘bienaventurado’, la situación y el porqué»

            «Las Bienaventuranzas iluminan las acciones de la vida cristiana y revelan que la presencia de Dios en nosotros nos hace verdaderamente felices»

            «Hay una diferencia entre el placer y la felicidad. El primero no asegura al segundo, y a veces lo pone en riesgo, mientras que la felicidad también puede vivir con el sufrimiento»

            «Dios, para entregarse a nosotros, elige a menudo caminos impensables, tal vez los de nuestros límites, de nuestras lágrimas, de nuestras derrotas»

            En la audiencia de los miércoles, el Papa comenzó un nuevo ciclo de catequesis sobre las Bienaventuranzas (Mateo 5, 1-11). Para el Papa Francisco, las Bienaventuranzas no sólo son el «carnet de identidad del cristiano» e, incluso, del no creyente, sino también «el camino bello y seguro de la felicidad que el Señor nos propone». Por eso, invita a los católicos a «aprender de memoria las Bienaventuranzas, repetirlas y tenerlas en la mente y en el corazón».

Catequesis del Santo Padre en la audiencia 

            «Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas en el Evangelio de Mateo (5,1-11), texto que abre el «Sermón de la Montaña» y ha iluminado la vida de los creyentes y también de muchos no creyentes. Es difícil no ser tocado por estas palabras, y es justo el deseo de entenderlas y de acogerlas cada vez más plenamente. Contienen el «carnet de identidad» del cristiano, porque esbozan el rostro de Jesús mismo, su forma de vida.

            Ahora enmarquemos estas palabras de Jesús globalmente; en la próxima catequesis comentaremos las Bienaventuranzas individuales.

            En primer lugar, es importante cómo se produjo la proclamación de este mensaje: Jesús, al ver a la multitud que le seguía, sube la suave pendiente que rodea el lago de Galilea, se sienta y, dirigiéndose a sus discípulos, anuncia las Bienaventuranzas. Así que el mensaje está dirigido a los discípulos, pero en el horizonte están las multitudes, toda la humanidad. Un mensaje para toda la humanidad. Esto es fundamental.

            Además, la «montaña» se refiere al Sinaí, donde Dios le dio a Moisés las «Diez Palabras»; esta vez, sin embargo, el escenario no es el de una terrible tormenta, sino que se respira el dulce poder de la Buena Nueva. Jesús comenzó a enseñar una nueva ley: ser pobre, ser manso, ser misericordioso… Estos «nuevos mandamientos» son mucho más que normas. De hecho, Jesús no impone nada, pero revela el camino a la felicidad – su camino – repitiendo la palabra «bendito» ocho veces.

            Es un mensaje de alegría, pero no se trata de una alegría pasajera o de un disfrute ocasional, aquí ¡hay más que eso! Hay una diferencia entre el placer y la felicidad. El primero no asegura al segundo, y a veces lo pone en riesgo, mientras que la felicidad también puede vivir con el sufrimiento, y no es raro que sea el resultado.

            Cada bendición está compuesta de tres partes. Primero está siempre la palabra «bienaventurado»; luego viene la situación en la que se encuentran los bienaventurados: pobreza de espíritu, aflicción, hambre y sed de justicia, y así sucesivamente; finalmente está el motivo de la bienaventuranza, introducido por la conjunción «por qué». Sería bonito aprender de memoria las Bienaventuranzas, para repetirlas y tenerlas en la mente y en el corazón.

            Prestemos atención a este hecho: la razón de la dicha no es la situación actual, sino la nueva condición que los bienaventurados reciben como regalo de Dios: «para ellos es el reino de los cielos», «porque serán consolados», «porque heredarán la tierra», y así sucesivamente. Así que las diversas situaciones que Jesús menciona son como caminos, ocasiones de felicidad, no son suficientes en sí mismas.

            En el tercer elemento, que es precisamente la razón de la felicidad, Jesús utiliza a menudo un futuro pasivo: «serán consolados», «heredarán la tierra», «estarán satisfechos», «serán perdonados», «serán llamados hijos de Dios». Esto es lo que se llama «pasivo divino»: de hecho es Dios quien hará estas cosas, es Él quien hará todo esto, la iniciativa es siempre suya.

            Entendemos entonces que en esta predicación inaugural Jesús señala ocho «puertas» para experimentar el poder y la providencia de Dios: sólo Él puede llenar el corazón del hombre (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1718).

            ¿Pero qué significa la palabra «bendito»? La palabra griega original makarios no indica alguien que tiene el estómago lleno o que está bien, sino que es una persona que está en una condición de gracia, que progresa en la gracia de Dios y por el camino de Dios. Esto es importante: las Bienaventuranzas «iluminan las acciones y disposiciones características de la vida cristiana» (CCC, n. 1717), revelando cómo y cuándo Dios nos visita con su gracia y felicidad. Sus formas no son las formas idólatras de posesión, poder, cumplimiento, venganza, manipulación, dominio y consentimiento, sino todo lo contrario. La felicidad que viene de Dios es como la paz, de la que Cristo dice: «No como el mundo la da, yo te la doy». (Juan 14:27).

            Dios, para entregarse a nosotros, elige a menudo caminos impensables, tal vez los de nuestros límites, de nuestras lágrimas, de nuestras derrotas. Es la alegría de la Pascua, de la que hablan nuestros hermanos orientales, la que tiene los estigmas pero está viva, ha pasado por la muerte y ha experimentado el poder de Dios. Las Bienaventuranzas te llevan a la alegría siempre. Son el camino para alcanzar la alegría. Coger el pasaje de Mateo y leer las Bienaventuranzas, para entender este camino tan bello y seguro de la felicidad que el Señor nos propone. Esta felicidad evangélica será el tema de la próxima catequesis».