El Servicio Jesuita a Refugiados, Misiones Salesianas y Cáritas lanzan un SOS por los refugiados

RefugiadosEl Servicio Jesuita a Refugiados, Misiones Salesianas y Cáritas
lanzan un SOS por los refugiados

            RefugiadosMisiones salesianas pide “una respuesta conjunta y eficaz de la comunidad internacional”

            Cáritas recuerda que “la acogida es una exigencia ética inherente a nuestros sistemas democráticos”

            Este miércoles 20 de junio se celebró el Día Mundial del Refugiado. Una ocasión que el Servicio Jesuita a Refugiados para recordar que “las personas refugiadas y víctimas de desplazamiento forzado son personas como nosotros”. Mientras, Misiones Salesianas pide “un verdadero compromiso y una respuesta conjunta y eficaz de la comunidad internacional”

            Te presentamos a Ahmad Hajko, él es un niño sirio de 8 años que ahora vive en Líbano. Ahmad solía tener una vida normal, hasta que fue forzado a irse de su casa, y como millones de familias de Siria, correr por su vida junto con el resto de su familia. Este pequeño niño tiene terribles memorias de la guerra en su país:

            “Recuerdo el bombardeo… había muchos disparos. Entonces venimos acá”
            Un día al año conmemoramos el Día Mundial del Refugiado, pero todos los días niños como Ahmad necesitan apoyo psicosocial y educación para reconstruir sus vidas o cualquier tipo de esperanza para su futuro. Líbano es un país pequeño que le ha abierto las puertas a más de 1.5 millones de Sirios desde el 2011, pero en comparación con otros países vecinos como Jordán, no existen campamentos de refugiados en Líbano.

            Las familias refugiadas viven dispersas en establecimientos informales sin acceso a servicios básicos, y comida. A niños como Ahmad se les dificulta mucho volver al colegio, y muchos ni siquiera se les permite: pues son obligados a trabajar para sustento de su familia.

            Las personas refugiadas y víctimas de desplazamiento forzado son personas como nosotros; sus vidas fueron cambiadas abruptamente por violencia y desastre, pero la perdida y el trauma no tienen que ser el fin de sus historias. Cuando nos aseguramos que niños refugiados sean apoyados y educados en un ambiente de crecimiento, les damos la oportunidad de escribir una nueva historia, con un final distinto, donde vidas heridas por la guerra y la violencia son sanadas por oportunidades y esperanza.

El año pasado, logramos traerle educación de calidad a 184,403 refugiados alrededor del mundo.
            Desafortunadamente nuestro trabajo no está ni cerca de haberse terminado. El JRS le trae educación de calidad a países como Líbano, Chad, Sudan del Sur y la Republica Democrática del Congo donde familias victimas del desplazamiento forzado siguen llegando a diario.

Misiones salesianas pide “un verdadero compromiso y una respuesta conjunta y eficaz de la comunidad internacional”

            “Durante varios días estuve andando por el desierto, con mi madre y mis hermanas. Tuvimos que salir de noche y dejar mi casa, mi colegio, mis amigos… todo”. Es el testimonio de un niño de 12 años que hoy vive en uno de los campos de refugiados más grande del mundo, el de Kakuma. Pero podría ser la realidad de cualquiera de los 66 millones de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares en el mundo.

            “La situación que vivimos hoy es una crisis humana sin precedentes”, explica Ana Muñoz, portavoz de MISIONES SALESIANAS. “Es como si la población de España, Portugal y Grecia desapareciera. Como si estos tres países quedaran vacíos ¿Te imaginas nuestro país sin nadie, ciudades vacías, carreteras sin coches, parques sin niños…?”, añade Muñoz.

            RefugiadosLos misioneros salesianos, cada día, se enfrentan a la realidad que viven estas personas que son obligadas a abandonar sus casas. Trabajan en todos los estadios que vive una persona refugiada o desplazada. “Desde la acogida a la reintegración. Les acompañan, están a su lado y, sobre todo, tratan de que su futuro no se pierda”, explica la portavoz.

            En Etiopía, Kenia, Sudán del Sur, Pakistán, Turquía, India, Uganda, Líbano, Egipto, Siria… los misioneros salesianos trabajan con personas refugiadas y desplazadas. Además, “como Salesianos nos preocupamos por los niños, niñas y jóvenes y por darles una educación y una formación de calidad para que su vida, aunque interrumpida, no se rompa”, dice Muñoz.

            En el Día Mundial de los Refugiados, desde MISIONES SALESIANAS lanzamos la campaña Huir para sobrevivir [+] para dar a conocer la realidad que viven millones de personas en todo el mundo y mostrar realidades concretas como la del campo de Kakuma, en Kenia, donde los Salesianos son los únicos que viven dentro del campo o como la de la misión de Gumbo (Sudán del Sur) donde más de 15.000 personas desplazadas han encontrado un lugar seguro donde vivir.

            Además, tras los últimos acontecimientos en España, desde MISIONES SALESIANAS queremos pedir un verdadero compromiso con las personas refugiadas y desplazadas. Creemos que es necesario que la comunidad internacional no sólo haga cumplir las leyes internacionales, sino que además de una respuesta eficaz para evitar un mayor sufrimiento a las personas que huyen de sus hogares.

            ¿Te imaginas tener que dejar tu hogar para salvar tu vida y la de tu familia?

Cáritas reclama a los Gobiernos europeos vías legales y seguras para reasentar a los refugiados

            Con motivo del Día Mundial de los Refugiados, y en el contexto de las negociaciones actuales sobre el Pacto Mundial para los Refugiados (GCR), Cáritas Europa hace un llamamiento a los Gobiernos de la UE para que aumenten las vías seguras y legales para los refugiados mediante la ampliación de los programas nacionales de reasentamiento. Urge una Europa que ofrezca soluciones duraderas para las personas que necesitan protección y muestre su voluntad de compartir esta responsabilidad global con los países que albergan a la mayoría de los refugiados en todo el mundo.

            “Huí de Eritrea a la vecina Etiopía. Luego, a través de Sudán, Libia y Túnez, vine aquí, a Bélgica. Mi primer objetivo fue salvar mi vida y la vida de mi esposa e hijos. En mi país de origen, recibí un título en mecánica automotriz, estudié en la Universidad y obtuve un título en administración general. En Bélgica, he conseguido convertirme en conductor de personas con discapacidad, una oportunidad que he aprovechado para comenzar una nueva vida”, explica Filmon, un refugiado de Eritrea reasentado en Bélgica. “Para mí, el reasentamiento no se trata solo de trasladar a un refugiado de un lugar a otro, sino que es una operación que salva vidas”, añade.

22,5 millones de refugiados

            A fecha de hoy, 22,5 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus países en todo el mundo. El 85% de los refugiados de ellos son acogidos por países en desarrollo como Etiopía, donde viven 740.000 personas que necesitan protección. Turquía alberga el mayor número de refugiados, 2,8 millones. Y en Líbano, 1 de cada 6 personas es refugiada. Según el ACNUR, al menos 1,2 millones de personas necesitaban reasentamiento en 2017, pero solo el 5% (65.100) lo han logrado efectivamente.

            Al igual que Filmon, se trata de personas que no pueden regresar a sus países debido a conflictos prolongados, guerras y persecución, y tampoco tienen muchas opciones de integrarse en el primer país de asilo, debido a la inestabilidad política, la pobreza y la falta de infraestructuras adecuadas. Existe una grave carencia de vías legales y seguras para las personas que necesitan protección, lo que obliga a muchos solicitantes de asilo a arriesgar sus vidas y a emprender viajes llenos de incertidumbres para lograr protección.

Responsabilidad compartida de los países

            “El reasentamiento puede ser una demostración palpable del compromiso de un Estado de compartir la protección de refugiados con aquellos países que asumen la mayor parte de esta responsabilidad, y también ofrece una solución duradera para la reintegración de refugiados cuya vida y derechos básicos pueden estar en peligro en los primeros países de asilo”, señala Shannon Pfohman, directora de Incidencia Política de Cáritas Europa. “Sin embargo, el reasentamiento debe mantener intacta su función de protección y no debe cumplir objetivos políticos de control migratorio o de disuasión. Además, el reasentamiento nunca debe reemplazar el derecho a solicitar de forma espontánea asilo en un país”.

            Bastaría con aumentar los lugares de reasentamiento y proporcionar vías seguras y legales a las personas que necesitan protección para garantizar que los refugiados tengan los medios necesarios para reconstruir sus vidas con éxito y poder comenzar de nuevo. En este contexto, la negociación actualmente en curso del Pacto Mundial para los Refugiados es una oportunidad de oro para demostrar la solidaridad de los Estados con los países de primer asilo y contribuir al desarrollo de un sistema global de responsabilidad compartida que no se debe ser olvidada.

            El Pacto Mundial para los Refugiados (GCR) es un acuerdo internacional que se está debatiendo en las Naciones Unidas bajo la coordinación del ACNUR. Se espera que el texto final se presente para su aprobación en la Asamblea General de septiembre próximo.

            El reasentamiento es la selección y transferencia de refugiados, principalmente bajo los auspicios del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), de un Estado en el que han solicitado protección a un tercer Estado, que ha aceptado admitirlos, como refugiados, con estatus residencial. Los criterios de selección del ACNUR se basan en la vulnerabilidad. El reasentamiento es una de las tres soluciones duraderas identificadas por el ACNUR para los refugiados, junto con la repatriación voluntaria al país de origen y la integración local en el país de asilo.

            Cabe recordar que en septiembre pasado, la Comisión Europea recomendó a los Estados miembros de la UE comprometerse a reasentar efectivamente a 50.000 refugiados antes de mayo de 2019. Los países prioritarios desde los que se reasentaría serían Turquía, Siria, Líbano, Jordania y los países a lo largo de la ruta mediterránea central (Libia, Níger, Chad, Egipto, Etiopía y Sudán). A este respeto, en la actualidad también se está negociando un reglamento de reasentamiento de la UE como parte de la reforma del sistema común de asilo europeo.

Demandas de Cáritas Española

            En España, Cáritas pide al Gobierno español que lidere un cambio de rumbo en las políticas de asilo y de migraciones con señales concretas como la derogación de la Disposición Adicional Décima de la Ley Orgánica de Extranjería por las que se pretende legitimar las expulsiones sumarias en Ceuta y Melilla. Esta práctica inhumana, además de vulnerar los derechos humanos de las personas migrantes, impide la solicitud de asilo a muchas personas necesitadas de protección.

            En estas fechas, en las que se suceden noticias relacionadas con el drama de la movilidad humana en la Frontera Sur de Europa, se hace especialmente urgente el fortalecimiento de la atención humanitaria a las personas migrantes y refugiadas que llegan a nuestras costas, en condiciones muy precarias y entre las que viajan personas muy vulnerables.

            Cáritas se hace eco de la necesidad urgente de implementar de manera estable los recursos humanos y materiales necesarios para garantizar su acogida, como el primer paso de una política migratoria y de integración “más humana”. A este respecto, Cáritas recuerda el llamado del Papa Francisco, dentro de la Campaña de Cáritas Internationalis “Compartiendo el viaje”, a ser comunidades acogedoras, evitando los estereotipos y las llamadas al miedo al otro y apostando por políticas de integración y de cohesión social.

            Desde nuestra identidad, la acogida a los refugiados es una exigencia ética inherente a nuestros sistemas democráticos, que se suma a la obligatoriedad derivada como firmantes de los pactos y convenios internacionales de protección de las personas forzadas a abandonar sus países de origen.

            Junto a una batalla política y legal ante los poderes públicos, la respuesta a los retos de la acogida involucran también a la ciudadanía, las organizaciones sociales y, sobre todo, los medios de comunicación, cuya responsabilidad es vital para desarrollar una pedagogía tan necesaria como urgente de la opinión pública ante el problema de la movilidad humana, informando con veracidad de estas situaciones y del drama humano que se esconde detrás de la trayectoria vital de cada refugiado y de cada migrante.