La exposición de Murillo y los Capuchinos de Sevilla fue inaugurada el pasado 28 de noviembre

Exposición de Murillo y los Capuchinos de Sevilla«Murillo y los Capuchinos de Sevilla»

El Museo de Bellas Artes acoge esta exposición
hasta el próximo 1 de abril

El Año Murillo se abre recuperando para Sevilla
uno de sus grandes ciclos pictóricos

La Porciúncula. Murillo

La Porciúncula. Murillo

El Año Murillo, que conmemora el IV aniversario de su nacimiento, se ha dado oficialmente por inaugurado este martes con una exposición en el Museo de Bellas Artes al que el tan denostado calificativo de «irrepetible» no le viene grande.

            Porque por primera vez en doscientos años se podrá contemplar en su conjunto uno de los ciclos de «madurez y plenitud» que realizó Bartolomé Esteban Murillo: la serie de pinturas que realizó para el convento de Capuchinos de Sevilla, que se dispersaron tras la invasión napoleónica a principios del siglo XIX.

            En total, la exposición, que estará abierta hasta el 1 de abril de 2018, presenta veinte lienzos que pertenecieron al ciclo de pinturas que realizó Murillo para el convento sevillano y que se conservan en su mayoría en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. De hecho, solo se contabilizan cuatro préstamos de óleos otras instituciones, aunque capitales para contemplar el diseño original del retablo.

            El ciclo de los Capuchinos tuvo, de esta forma, más suerte que otros expoliados por el mariscal Soult durante la invasión napoleónica, como los que pintó Murillo para el Hospital de la Caridad, dispersos en museos como la National Gallery o el Hermitage; o los medios puntos de Santa María la Blanca, que están en el Louvre.

            «Es una exposición irrepetible, porque se devuelve a Sevilla un conjunto que jamás debió dispersarse», señaló la directora del Museo de Bellas Artes de Sevilla y comisaria de la muestra, Valme Muñoz, quien destacó que la obra corresponde a un «Murillo de madurez y plenitud artística». «Es uno de sus ciclos más ambiciosos, tanto por el número de obras como por su calidad artística», añadió.

            Junto a Muñoz participaron en la inauguración de la exposición que marca la apertura del Año Murillo la presidenta de la Junta, Susana Díaz; el alcalde de Sevilla, Juan Espadas; el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo; y el consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, entre otras autoridades.

            «El jubileo de la Porciúncula» es la pieza central del retablo y está recién restaurada por el Bellas Artes, donde permanecerá hasta 2026

            Entre los préstamos con los que ha contado la muestra destaca «El jubileo de la Porciúncula», que el Wallraf-Richartz Museum de Colonia ha prestado por un periodo de diez años al Bellas Artes de Sevilla, que, a cambio, ha acometido su restauración integral en unos trabajos que han durado algo más de un año.

            Este lienzo de gran tamaño es la pieza fundamental de la exposición, alrededor de la cual se articula el resto del retablo, que en la muestra se exhibe no es su posición original -que se presenta también en una reproducción fotográfica-, sino en una disposición que permite apreciar las obras más de cerca.

            La restauración, acometida por dos restauradores del museo sevillano –Ignacio Bolaños y Carmen Álvarez-, ha consistido, fundamentalmente, en eliminar los numerosos repintes hasta dejar al descubierto la película original y la pincelada de Murillo.

            El cuadro «era un manual de daños» cuando llegó al museo en junio de 2016, explicó Bolaños, quien indicó que, además de los repintes, el cuadro «sufrió muchísimo de tanto trasladarlo y esconderlo» durante la invasión francesa para evitar que fuera expoliado por las tropas que comandaba el mariscal Soult.

            Otro de los préstamos que también formaba parte del retablo es la «Santa Faz», una obra de colección privada que está depositada en el Ashmolean Museum de Oxford. Los dos préstamos restantes corresponden a dos ángeles que estaban situados a ambos lado del retablo.

            Uno, el «Ángel de la Guarda», está habitualmente colgado en la sacristía de la Catedral de Sevilla. Los capuchinos donaron al templo metropolitano este cuadro por la ayuda que les prestó para esconder los cuadros de los franceses antes de su traslado a Cádiz.

Entre los préstamos destaca también el «Arcángel San Miguel», procedente de un museo vienés

            La segunda es el «Arcángel San Miguel», del Kunsthistorisches Museum de Viena, una obra a la que se le perdió el rastro cuando se dispersó el retablo a principios del XIX, explicó el conservador del Bellas Artes, Ignacio Cano. «Nunca se supo nade de él hasta que un coleccionista francés se lo ofrece a diversas instituciones y finalmente se lo queda el museo vienés», añade.

            El cuadro se encuentra en una sala junto a dibujos preparatorios de los lienzos que realizó Murillo para el convento de Capuchinos, que provienen de instituciones como la Morgan Library, de Nueva York; la Hamburger Kunsthalle, de Hamburgo; The Samuel Courtland Trust, de Londres; y una colección particular de Madrid.

            Las dieciséis obras restantes que se exponen en «Murillo y los Capuchinos de Sevilla» forman parte de la colección del Bellas Artes, el museo que posee más obras del pintor sevillano y que, como recordó su directora, se conocía en el siglo XIX como el «Museo de Murillo».

            La exposición ha servido también para que la pinacoteca haya procedido a restaurar algunos de los lienzos que se exponen correspondientes al retablo, algunas de ellas emblemáticas del Bellas Artes, como «La Virgen de la Servilleta». Esta obra y la «Santa Faz» no estaban pensadas para el retablo inicialmente pero se incorporaron a él en el siglo XVIII para enriquecerlo, comentó Cano.

            También se han restaurado la «Inmaculada Concepción» conocida como «La Niña», «San Antonio de Padua y el Niño» y «San Francisco abrazado a Cristo». También se ha «puesto a punto», explicaron los restauradores, el «San Félix de Cantalicio con la Virgen y el Niño».

La génesis del ciclo

            Los franciscanos del convento de Capuchinos de Sevilla contrataron con Murillo en 1665 la ejecución de las pinturas de la iglesia. Desde entonces y hasta 1669, fecha en la que se concluyó, el pintor se alojó con sus oficiales en el convento sevillano.

            El retablo mayor lo pintó durante gran parte de 1666 y estaba formado por «El jubileo de la Porciúncula» y seis pinturas de asuntos devocionales. En las capillas laterales del presbiterio se instalaron «La Anunciación» y «La Piedad».

            Las obras se paralizaron hasta 1668, fecha en la que Murillo comenzó las pinturas de los retablos laterales de la nave de la iglesia, que terminó en 1669. Seis lienzos consagrados a santos franciscanos. La serie la completó con la «Inmaculada» conocida como «La Niña».

            «El jubileo de la Porciúncula» presidió el retablo mayor de la iglesia hasta 1810, cuando se la llevó el mariscal Soult al Real Alcázar, que utilizaba de almacén de obras expoliadas que iban a formar parte de un museo promovido por José Bonaparte en Madrid.

            El cuadro terminó en la Real Academia de San Fernando y fue devuelto a los monjes de Sevilla en 1815. El deterioro sufrido por este y el resto de lienzos, que los Capuchinos escondieron de Soult enviándolos por barco a Cádiz, obligó a su restauración.

            Los Capuchinos contrataron al pintor Joaquín Bejarano para ello que, a cambio del trabajo, recibió «El jubileo de la Porciúncula», que venderá posteriormente a José Madrazo. A este se lo comprará el infante Sebastián Gabriel antes de 1832 por 90.000 reales.

            Finalmente, el hijo del infante lo vende a los Amigos del Arte de Colonia, que lo terminaron donando al Wallraf-Richartz Museum, que lo ha prestado hasta 2026 al Museo de Bellas Artes de Sevilla a cambio de su restauración integral.