La Inmaculada en España e Iberoamérica

Inmaculada Concepción. Murillo, 1665-1670

Inmaculada Concepción. Murillo, 1665-1670

La Inmaculada en España e Iberoamérica       

Juan Pablo II: “decir España es decir María”

Inmaculada. Francisco Bayeu

Inmaculada. Francisco Bayeu

“Toda la tradición y devoción mariana española fue trasvasada con la colonia a la América hispana”

             España celebra a La Inmaculada como patrona y protectora desde 1644, siendo el 8 de diciembre fiesta de carácter nacional.

            Durante la celebración de dicha festividad, los sacerdotes españoles tienen el privilegio de vestir casulla azul. Este privilegio fue otorgado por la Santa Sede en 1864, como agradecimiento a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción que hizo España.

            Esta veneración al dogma de la Inmaculada Concepción fue un sentimiento generalizado en el pueblo cristiano en contra, incluso de la opinión de algunos teólogos y santos como Sto. Tomás y S. Bernardo, muy fervoroso en su devoción a la Virgen, pero que insistían en que María no necesitaba de este título que los fieles querían atribuirle.

            Sin embargo el teólogo franciscano escocés Duns Scoto, que había sido ordenado sacerdote en 1288, defensor acérrimo del dogma mariano, había defendido la humanidad de Cristo y preparó la base teológica para la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.

            Devoción muy arraigada en el pueblo como reconocía el propio Papa Pío IX: “Ya desde los remotos tiempos, los prelados, los eclesiásticos, las Órdenes religiosas, y aun los mismos emperadores y reyes, suplicaron con ahínco a esta Sede Apostólica que fuese definida como dogma de fe católica la Inmaculada Concepción de la santísima Madre de Dios. Estas peticiones se repitieron también en estos nuestros tiempos, y fueron muy principalmente presentadas a Gregorio XVI, nuestro predecesor, de grato recuerdo, y a Nos mismo, ya por los obispos, ya por el clero secular, ya por las familias religiosas, y por los príncipes soberanos y por los fieles pueblos”.

            Los comentaristas dicen que con estas palabras el Papa, sin decirlo expresamente, se estaba refiriendo de modo especial a España, de la que ya era Patrona la Inmaculada Concepción desde el año 1424, ya que era un misterio muy sentido y venerado por el pueblo español, defendido por los obispos y teólogos y hermosamente representado y expresado por los artistas plásticos, poetas y literatos del país.

            Es particularmente destacable la intensidad con que el pueblo español de mostró su devoción mariana bajo esta advocación de La Inmaculada.

            Por decreto real la fiesta de la Inmaculada fue declarada “fiesta de guardar en todos los reinos de su Majestad Católica”, es decir, en todo el Imperio español desde 1644, lógicamente extensible a toda la “América hispana”. El Papa Clemente XI declararía después como festivo el día para toda la Iglesia en el año 1708.

            Pero no era nuevo el reconocimiento. Muchos años antes en España, el rey visigodo Ervigio (680) que convocó el XII Concilio de Toledo, declaró por ley como fiesta la “concepción virginal de María”. El rey Fernando III, el Santo (1217), llevaba pintada su imagen en su estandarte. Los reyes, Jaime I el Conquistador, y Juan I de Aragón ordenaron se celebrase su fiesta en todos sus Reinos. Los Reyes Católicos enviaron nueve embajadas a Roma rogando al Papa definiese la “Concepción Inmaculada de María” como dogma de fe católica.

            El rey Felipe II mandó grabar su imagen en su escudo real. A propuesta unánime de las Cortes Generales Españolas, el rey Carlos III solicitó a la Santa Sede que la Inmaculada Concepción de María fuese proclamada Patrona de España. A su petición, el papa Clemente XIII, la proclama Patrona de España mediante la bula Quantum Ornamenti, de fecha 25 de diciembre de 1760.

            En esta defensa mariana se distinguió el pueblo de Sevilla que cantaba estas letrillas ante el convento de Regina Apostolorum en donde los teólogos debatían sobre la conveniencia de esta declaración dogmática:

“Todo el pueblo en general

a voces Reina escogida

dice que sois elegida

sin pecado original”

“Aunque se empeñe Molina y

y los frailes de Regina

con su Padre Provincial,

María fue concebida

sin pecado original”.

            InmaculadaEl voto a la Inmaculada Concepción se hizo por primera vez en España en el pueblo de Villalpando (Zamora), el 1 de noviembre de 1466, en la iglesia de San Nicolás. Lo hicieron 13 pueblos (Villalpando, Quintanilla del Monte, Cotanes del Monte, Villamayor de Campos, Tapioles, Cañizo, Villar de Fallaves, Villardiga, Prado, Quintanilla del Olmo, San Martin de Valderaudey, Villanueva de Campos, y Cerecinos de Campos).

            Dos manuscritos, uno en pergamino y otro en papel, los dos de 1527, conservan los textos del Voto y de las dos primeras refrendaciones. Éste fue impreso por primera vez en 1668 por F. López de Arrieta, presbítero de Villalpando en León.

            Las 6 refrendaciones o renovaciones del Voto (1498, 1527, 1904, 1940, 1954 y 1967) se han hecho en la plaza mayor de Villalpando como actos solemnes notariales.

            Los 5 “notarios de la Purísima” han sido Diego Fernández de Villalpando (1466), Alonso Pérez de Encalada (1498, 1527), Manuel Salas Fernández (1904), Eloy Gómez Silió (1940) y Luis Delgado González (1954 y 1967).

            También en los Estados Unidos de América, el año 1792, el primer obispo católico del país, jesuita y arzobispo de Baltimore, B, consagró a la recién nacida nación de los Estados Unidos a la protección de la Inmaculada Concepción. En 1847, el Papa Pío IX formalizó dicho patronazgo.

            Aparte de ser patrona de España por concesión del Papa, la Inmaculada es también patrona de la Infantería del Ejército español, cosa que pidió hace siglos el propio monarca basado en el episodio que contamos a continuación conocido como “el milagro de Empel” de los Tercios españoles en los Países Bajos.

            En plena guerra de España en Flandes, diciembre de 1585, y una vez conquistado Amberes, dentro de la llamada Guerra de los Ochenta Años, el Tercio del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla se dirigía a las provincias rebeldes el Norte y combatían en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, quedando bloqueados por la escuadra del Almirante Holak.

            Se agotaron las ropas y los víveres y el bloqueo se estrechaba cada día más. Los enemigos solicitaron a los Tercios una derrota honrosa, pero la respuesta fue evidente:  “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”.

            Ante tal respuesta, Holak recurrió a un método harto utilizado en ese conflicto: abrir los diques de los ríos para inundar el campamento enemigo. Pronto no quedó más tierra firme que el montecillo de Empel, donde se refugiaron los soldados del Tercio.

            En ese crítico momento, de acuerdo con la tradición, un soldado del Tercio cavando una trinchera tropezó con un objeto de madera allí enterrado. Era una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción.

            Anunciado el hallazgo, colocaron la imagen en un improvisado altar y el Maestre Bobadilla, considerando el hecho como señal de la protección divina, instó a sus soldados a luchar encomendándose a la Virgen Inmaculada.

            Según indica la citada tradición, un viento completamente inusual e intensamente frío se desató aquella noche helando las aguas del río Mosa. Los españoles, marchando sobre el hielo atacaron por sorpresa a la escuadra enemiga al amanecer del día 8 de diciembre y obtuvieron una victoria tan completa que, según dichas versiones, el almirante Holak llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar, mí, tan grande milagro”.

            Aquel mismo día, entre vítores y aclamaciones, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia. Años después, a solicitud del Inspector del Arma de Infantería, La Inmaculada Concepción de María fue declarada Patrona de la Infantería por una Real Orden de la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo, de fecha 12 de noviembre de 1892.

            Sin embargo, este patronazgo sólo se consolidaría mucho más adelante, cuarenta años después de que en la bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854, se proclamase por parte del Papa Pío IX como dogma de fe católica la Concepción Inmaculada de la Virgen Santísima.

            MenoráAl parecer había precedentes muy anteriores a estos hechos. Así, la tradición dice que en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), el Arzobispo de Toledo llevaba su estandarte la imagen de la Virgen en su Inmaculada Concepción. Y en 1492, antes de la rendición de Granada a los Reyes Católicos, se mandó erigir un altar en medio del campamento, dedicado a María en su Concepción. Y también hicieron voto de consagrar la Mezquita principal de la ciudad (la “madraksha”) a “María concebida sin mancha”.

            Esta larga tradición mariana de España le llevó el 6 de diciembre de 1983, al Papa Juan Pablo II a exclamar en su visita al Pilar de Zaragoza: “El amor mariano ha sido en vuestra historia fermento de catolicidad; y ha impulsado a las gentes de España a una devoción firme y a la defensa intrépida de la grandeza de María, sobre todo en su Inmaculada Concepción”.

            Más tarde, el 10 de octubre de 1984, Juan Pablo II nos recordaba en su breve estancia, también, en Zaragoza, de paso para América: “Decir España es decir María, porque es decir el Pilar, Covadonga, Aránzazu, Balvanera, Guadalupe, los Desamparados, Lluch, Fuensanta, las Angustias, los Reyes, el Rocío, la Candelaria, el Pino”…; y tantas y tantas otras, como los Milagros, los Remedios, el Rosario…

Tradición de la “Noche de las Velitas” en Colombia

            Se celebra en toda Colombia, pero sus características varían en cada región. Esa noche del 7 al 8 de diciembre, Vigilia de la Inmaculada, las calles de las ciudades se inundan de luces y las aceras, los balcones y las terrazas de las casas se llenan de velas y en algunas ciudades se acompaña de espectáculos de fuegos artificiales. La fiesta marca también el comienzo de las fiestas de Navidad en toda Colombia.

            Toda la tradición y devoción mariana española fue trasvasada con la colonia a la América hispana lo que daría origen a la Fiesta de las Velitas ese día 8 de diciembre, Fiesta de la Inmaculada, que prepara las fiestas de Navidad.

Las velitas del siglo XII

            En la Iglesia católica las velas aparecieron por primera vez en los altares en el siglo XII y se difundieron en los siglos XV y XVI, en la época en que América estaba colonizada por los españoles. Entonces, España se hallaba en plena fiebre religiosa que dejó huellas profundas en las religiones y creencias andinas.

            El 7 de diciembre, conocido como el Día de las Velitas, víspera del día de la Inmaculada Concepción, o en la madrugada del 8 de diciembre, es una de las fiestas más tradicionales en Colombia, pues alrededor de la luz los niños y adultos aprovechan para reunirse en familia o con los amigos, en un momento único del año.

            En Barranquilla, el 7 de diciembre marca el inicio de las fiestas navideñas. En esta ciudad, el ambiente decembrino es enmarcado por los vientos alisios. La madrugada del 8 los habitantes colocan faroles multicolores iluminados con velas en su interior en los frentes de las casas y en los andenes para celebrar la Inmaculada Concepción.

            En el municipio de Quimbaya, en el departamento de Quindío, el Día de la Velitas se celebra cerrando las calles al tráfico, y se iluminan con velas, faros y linternas de papel en forma de animales, santos, y figuras del “pesebre”, las cuales llenan toda la ciudad de luz. Otros eventos incluyen desfiles y fuegos artificiales.

            En Medellín, la celebración es el día 7 de diciembre, en donde las velas y faroles iluminan las casas y calles . Al mismo tiempo se inauguran las luces de Navidad por toda la ciudad, pero principalmente en la avenida del Río y la avenida La Playa, en esta última se realiza un desfile llamado “desfile de mitos y leyendas” en donde grandes figuras que representan los diferentes mitos y leyendas colombianas: el Mohan, La llorona, el Padre sin cabeza, al ritmo de la música cobran vida por algunas horas, además de los fuegos pirotécnicos que ofrece la alcaldía como regalo a la ciudad. Todo ello es el comienzo de la Navidad.

            En el Día de las Velitas se decoran los balcones, patio, andenes, calles, parques y plazas de Cali con velas y linternas de papel en honor a la Virgen María. La celebración también es acompañada con fuegos artificiales. En Bucaramanga y el resto del país, además de todas las decoraciones de Navidad y la celebración de las velitas, las ciudades planean actividades nocturnas para toda la familia, museos, tiendas, y centros comerciales tienen horarios extendidos y hay fuegos artificiales en todas partes.

            En Bogotá para toda la ciudad planea actividades nocturnas la familia, muchas de las ciclo vías están abiertas, museos, tiendas, y centros comerciales tienen horarios extendidos y eventos con fuegos artificiales se muestran en todas partes.

            Con la fiesta de las Velitas (en la vigila de la Inmaculada, LA noche de 7 al 8 de diciembre) Colombia inaugura las fiestas de Navidad que culminarán el 24.

La fiesta judía de las luminarias

            Cambiando de cultura y religión, también por estas mismas fechas y sin que tenga nada que ver con nuestras tradiciones cristiana, se celebra en el mundo judío una tradicional celebración de la comunidad judía que se extiende durante ocho días.

            Es la llamada Fiesta de las Luminarias o Januca, en la que se conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos sobre los griegos, y la posterior purificación del Beit Hamikdash, Templo de Jerusalén, de los iconos paganos, en el siglo II a C.

            InmaculadaUna proeza milenaria que reúne a finales de diciembre a millones de judíos de todo el mundo que encenderán sus velas en estas fiestas llamadas de las Luminarias o La Januca. En esta festividad, se acostumbra a dar regalos o jugar con el dreidel, un trompo de cuatro caras con letras hebreas en cada lado, que son las iniciales de “Un gran milagro ha ocurrido aquí”.

            Los ocho brazos del candelabro (Januca) y los ocho días que dura la fiesta recuerda lo que la tradición considera el milagro de haber podido encenderse el candelabro del Templo durante ocho días consecutivos con una exigua cantidad de aceite, que alcanzaba solo para uno.

            Esto dio origen a la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, en forma progresiva, un candelabro de nueve brazos llamado Janukiá (uno por cada uno de los días, más un brazo “piloto”).