La UPSA inaugura la nueva Capilla en su Sede Central

Capilla UPSA

La UPSA inaugura la nueva
Capilla de su Sede Central

El obispo de Salamanca dedica su altar y preside una misa en
presencia de la comunidad universitaria                  

Capilla UPSAEn la capilla lo natural se pone al servicio de la obra salvadora. No es naturaleza muerta sino viva. Es piedra que habla, piedra que grita porque no es naturaleza muerta sino creación viva y salvífica, que ofrece un mensaje de alabanza

La tarde de este martes la Universidad Pontificia de Salamanca inauguró su nueva Capilla en la Sede Central. El obispo de Salamanca, Carlos López Hernández, fue el encargado de presidir la Eucaristía y la Dedicación del altar. En la inauguración también estuvieron presentes el equipo rectoral y miembros de la comunidad universitaria.

La Capilla está ubicada en una de las naves abovedadas que cierra el patio de los Estudios (Patio Barroco) en la planta baja de la Escalera Noble.

Anotaciones abreviadas simbólico-teológicas de Jacinto Núñez Regodón

El sentido de la construcción de la Capilla se simboliza en una piedra labrada en el suelo del presbiterio con la letras S.D.G., iniciales de la frase ‘soli Deo gloria’ (‘solo a Dios la gloria’), expresión utilizada por músicos como Bach o Händel para indicar que sus obras se habían hecho para gloria y alabanza de Dios. Se trata de un espacio santo y sagrado, lugar privilegiado para el encuentro con Dios.

La nueva capilla ha querido conservar la disposición de la asamblea en forma de ‘U’ para aunar al mismo tiempo la dimensión horizontal de la fraternidad de todos y la centralidad única de Cristo, simbolizada en el altar.

Se ha querido poner de relieve la estrecha relación entre la sede, el ambón y el altar, de hondo calado cristológico, al usar para ellos la piedra de Campaspero compacta, limpia, con imperfecciones y oquedades…

En estos tres elementos se ha buscado equilibrar la relación entre el componente material (la piedra) y la obra humana. En la sede, la piedra tosca abraza a la madera del asiento y del respaldo. De igual forma, en los frentes del ambón y del altar se presenta la piedra ‘bruta’. Por esto podría decirse que un frente y otro son pura naturaleza. En los laterales, sin embargo, la piedra está pulida y trabajada.

En el contexto de la capilla ese elemento natural se pone al servicio de la obra salvadora. No es naturaleza muerta sino viva. La piedra del ambón sostiene la Palabra, es piedra que habla, piedra que grita porque no es naturaleza muerta sino creación viva y salvífica, que ofrece un mensaje de alabanza.

Esa piedra (creación) sirve de soporte a la palabra revelada (historia de salvación), consignada en la Sagrada Escritura y proclamada en la liturgia como ‘Palabra de Dios’. En el caso del altar es aún mayor la significación de la piedra. La tradición bíblica y patrística ha establecido una estrecha relación entre Cristo y la piedra a la luz del Salmo 118,2, que se dice que él es la piedra angular que sostiene todo el edificio de la Iglesia.

En el retablo se insertan tres piezas fundamentales: el Cristo, la Virgen y el Sagrario. Desde el inicio del proyecto se quiso que entre estas tres piezas se diera un principio de unidad en torno a la idea del cuerpo: Cristo, signo de su cuerpo físico, muerto en cruz pero resucitado a una vida nueva; María, representación del cuerpo eclesial; y el Sagrario, presencia permanente del cuerpo sacramental.

La imagen de Cristo quiere expresar tanto el hecho mismo de la muerte física como su victoria. Muerto y resucitado, entraña del misterio pascual. La policromía de la cruz refleja la idea de que la cruz no es ya un palo seco sino un árbol florecido, cuyo fruto es la vida nueva. Esta vida supone también una sabiduría nueva, en la que el conocimiento tiene que ver de forma directa con el amor.

Esta perspectiva afecta de lleno a la identidad de nuestra Universidad. Por eso esta imagen podría ser bautizada como ‘Cristo de la Sabiduría’.

Por su parte, la figura de María no puede comprenderse solo aisladamente sino en el conjunto. Se advierte que la talla de la Virgen está en estrecha relación con el Cristo. La escena evangélica conocida como Stabat está narrada en Juan 19,25ss: “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”. María, representada aquí joven y serena, tiene una presencia activa, en actitud de oración y adoración. Nuestra imagen quiere significar que “la Madre de Dios es figura de la Iglesia, como ya enseñaba San Ambrosio, en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo” (LG 63).

Finalmente, en el caso del Sagrario, no se trata de un elemento simbólico. Su sentido se comprende en la dinámica continente-contenido. El contenido es el cuerpo de Cristo sacramentado, que prolonga su presencia eucarística entre nosotros. El Sagrario es el arca que guarda ese “tesoro” y por eso se ha cuidado tanto su construcción, con el mayor respeto y veneración.

Anotaciones abreviadas técnico-arquitectónicas de Pablo Guillén Llanos

El proyecto parte de la decisión de realizar una intervención discreta, con tintes actuales que respete el estilo singular del edificio donde se ubica. Las paredes de piedra de Villamayor contrastan con la piedra caliza, de Campaspero, con la que se ha creado un muro que articula todo el conjunto-acceso, sacristía y capilla, que reparte los espacios y recoge en su interior las necesidades de cada uno.

Con esta piedra se ha creado también un zócalo perimetral corrido que organiza el espacio de la capilla, a modo de anillo abierto, donde la comunidad se coloca en forma de herradura, dirigida hacia el centro donde está ubicado el altar elevado. El espacio cuenta con elementos de madera maciza.

El altar, la sede y el ambón se tratan como elementos exentos del suelo, como bloques de piedra natural apoyados, con sus imperfecciones y belleza natural.

El retablo se concibe con forma escenográfica cuya pared del frente tiene un tratamiento superficial rugoso que hace de fondo de escena y sobre la que se colocan dos tallas de madera y el sagrario, obras del escultor Javier Martínez.

Los tres elementos se unifican en tres tablas de pan de oro que los realzan, obras del artista Francisco Orejudo. La tabla del Cristo cobra mayor protagonismo por su tamaño y por la policromía de la cruz realizada a través de la técnica del estofado.

La cruz, al igual que el resto de piezas, tiene una ubicación y proporción adecuada a la concepción espacial del conjunto de la obra. En el diseño del retablo se ha prestado especial atención a la escena representada, al tratamiento de la luz, a los materiales, a la proporción de sus elementos y al público universitario que lo va a frecuentar.