Los Santos que Francisco propone como modelo a la Iglesia y a los jóvenes

 Santa Juana de Arco

Santa Juana de Arco

Los Santos que Francisco
propone como modelo
a la Iglesia y a los jóvenes

Domingo Savio

Domingo Savio

Desde los primeros siglos del cristianismo y hasta los albores del siglo XXI, muchos jóvenes han entregado totalmente su vida a Cristo y el Evangelio. El Papa dedica un apartado de la exhortación Christus vivit a enumerar a algunos de ellos, con la esperanza de que sirvan también para «curar las heridas de la Iglesia y del mundo» y «renovar el ardor espiritual y el vigor apostólico» de las comunidades cristianas

          (Alfa y Omega).- «Muchos jóvenes santos han hecho brillar los rasgos de la edad juvenil en toda su belleza y en su época fueron verdaderos profetas de cambio». Ellos «nos animan a volver a nuestro amor primero» y son ejemplo de «de qué son capaces los jóvenes cuando se abren al encuentro con Cristo». Estas afirmaciones de los obispos en el documento final del Sínodo sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional sirven de inspiración al Papa Francisco para, en Christus vivit, ofrecer un breve repaso por esta peculiar historia de la santidad juvenil.

          Desde el siglo III hasta hace menos de 30 años, y originarios de casi todos los continentes –salvo Oceanía–, muchos de ellos murieron mártires por su fe, ya fuera durante  el Imperio romano o en un campo de concentración nazi. «Fueron preciosos reflejos de Cristo joven que brillan para estimularnos y para sacarnos de la modorra», resalta Francisco. Otros «no conocieron la vida adulta» debido sobre todo a la enfermedad. Así, «nos dejaron el testimonio de otra forma de vivir la juventud».

          Mirando sus vidas, la Iglesia «puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico». Su vida es, además –continúa el documento final del Sínodo–, «bálsamo» capaz de «curar las heridas de la Iglesia y del mundo, devolviéndonos a aquella plenitud del amor al que desde siempre hemos sido llamados».

          El más joven de ellos es santo Domingo Savio, fallecido a los 14 años. En el otro extremo de la juventud, el Santo Padre no se ha resistido a incluir a san Francisco de Asís, fallecido a los 44 años. Y no se olvida de otros «muchos jóvenes que quizás desde el silencio y el anonimato vivieron a fondo el Evangelio» y pueden interceder para que la Iglesia «esté llena de jóvenes alegres, valientes y entregados que regalen al mundo nuevos testimonios de santidad».

          Estos son los santos que Francisco ha seleccionado como modelos e intercesores para los jóvenes:

San Sebastián (siglo III): «Era un joven capitán de la guardia pretoriana. Cuentan que hablaba de Cristo por todas partes y trataba de convertir a sus compañeros, hasta que le ordenaron renunciar a su fe. Como no aceptó, lanzaron sobre él una lluvia de flechas, pero sobrevivió y siguió anunciando a Cristo sin miedo. Finalmente lo azotaron hasta matarlo».

San Francisco de Asís (1181-1226, 44 años): «Siendo muy joven y lleno de sueños, escuchó el llamado de Jesús a ser pobre como Él y a restaurar la Iglesia con su testimonio. Renunció a todo con alegría y es el santo de la fraternidad universal, el hermano de todos, que alababa al Señor por sus creaturas».

Santa Juana de Arco (1412-1431, 19 años): «Era una joven campesina que, a pesar de su corta edad, luchó para defender a Francia de los invasores. Incomprendida por su aspecto y por su forma de vivir la fe, murió en la hoguera».

Beato Andrés Phû Yên (siglo XVII, murió en 1644): «Era un joven vietnamita [que] era catequista y ayudaba a los misioneros. Fue hecho prisionero por su fe, y debido a que no quiso renunciar a ella fue asesinado. Murió diciendo: “Jesús”».

Santa Catalina Tekakwitha (1656-1680, 24 años): «Una joven laica nativa de América del Norte, sufrió una persecución por su fe y huyó caminando más de 300 kilómetros a través de bosques espesos. Se consagró a Dios y murió diciendo: “¡Jesús, te amo!”».

Santo Domingo Savio (1842-1857, 14 años): «Le ofrecía a María todos sus sufrimientos. Cuando san Juan Bosco le enseñó que la santidad supone estar siempre alegres, abrió su corazón a una alegría contagiosa. Procuraba estar cerca de sus compañeros más marginados y enfermos. Murió diciendo: “¡Qué maravilla estoy viendo!”».

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897, 24 años): «A los 15 años, atravesando muchas dificultades, logró ingresar a un convento carmelita. Vivió el caminito de la confianza total en el amor del Señor y se propuso alimentar con su oración el fuego del amor que mueve a la Iglesia».

Beato Ceferino Namuncurá (1886-1905, 18 años): «Era un joven argentino, hijo de un destacado cacique de los pueblos originarios. Llegó a ser seminarista salesiano, lleno de deseos de volver a su tribu para llevar a Jesucristo».

Beato Isidoro Bakanja (1887-1909, 22 años): «Era un laico del Congo que daba testimonio de su fe. Fue torturado durante largo tiempo por haber propuesto el cristianismo a otros jóvenes. Murió perdonando a su verdugo».

Beato Pier Giorgio Frassati (1901-1925, 24 años): «”Era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida”. Decía que él intentaba retribuir el amor de Jesús que recibía en la comunión, visitando y ayudando a los pobres».

Beato Marcel Callo (1921-1945, 23 años): «Era un joven francés. En Austria fue encerrado en un campo de concentración donde confortaba en la fe a sus compañeros de cautiverio, en medio de duros trabajos».

Beata Chiara Badano (1971-1990, 18 años): «”Experimentó cómo el dolor puede ser transfigurado por el amor […]. La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás”».