Mensaje del Papa al presidente de la Convención COP-23

Papa Francisco

Cambio climático: Necesidad de una “conversación que nos una a todos”
Mensaje del Papa al presidente de la Convención COP-23

El Papa Francisco recuerda en este mensaje su
“invitación urgente a un nuevo diálogo sobre
el modo
como estamos construyendo el futuro del planeta”.

            Papa FranciscoMensaje que el Santo Padre ha enviado a Frank Bainimarama, Primer Ministro de las Islas Fiji, Presidente de la 23a Sesión de la Conferencia de los Estados Partes de la Convención Marco de  las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-23 que se celebra en  Bonn (Alemania)  del 6 al 17 de noviembre 2017 y leído en el curso de los trabajos.

            El Santo Padre habla la importancia de una “conversación que nos una a todos”, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos.

            Se trata –apunta el Papa– concretamente, de favorecer la difusión de una “conciencia responsable” hacia nuestra casa común (ver encíclica Laudato si ‘nn 202.231) a través de la contribución de todos.

Mensaje del Papa Francisco

            A Su Excelencia Sr. Frank Bainimarama, Primer Ministro de las Islas Fiji
Presidente del 23° período de sesiones de la Conferencia de los Estados Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-23)
(Bonn, 6-17 de noviembre de 2017)

            Su Excelencia,

            Hace poco menos de dos años, la comunidad internacional estaba reunida en este foro de la  CMNUCC, con la mayor parte  de sus principales representantes gubernamentales y, después de un largo y complejo debate,  llegó a la adopción del histórico Acuerdo de París mediante el cual se logró el  consenso sobre la necesidad de lanzar una estrategia  compartida para contrarrestar uno de los fenómenos más preocupantes que vive nuestra humanidad: el cambio climático.

            La voluntad de dar curso a este consenso se confirmó posteriormente con la rapidez de la entrada en vigor del  Acuerdo de París, menos de un año después de su adopción.

            El Acuerdo apunta a una transición clara hacia un modelo de desarrollo económico bajo o nulo de carbono, promoviendo la solidaridad y haciendo hincapié en  los estrechos vínculos entre la lucha por el cambio climático y la lucha contra la pobreza. Esta transición se ha visto  relanzada por la emergencia climática que requiere un mayor compromiso por parte de los países algunos de los cuales deben tratar de asumir el papel de guía de la misma, teniendo en cuenta las necesidades de las poblaciones más vulnerables.

            En estos días, os habéis reunido en Bonn para dar curso a otra fase importante del Acuerdo de París: el proceso de definición y construcción de directrices, reglas y mecanismos institucionales para hacerlo verdaderamente efectivo y capaz de contribuir a la consecución de los objetivos complejos que se propone. En ese camino es necesario mantener una elevada voluntad de colaborar.

            En esta perspectiva, deseo recordar mi “invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. […] Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. (ver encíclica Laudato si ‘n.14).

            Tenemos que evitar caer en estas cuatro actitudes perversas, que ciertamente no ayudan a la investigación honesta y al diálogo sincero y fructífero sobre la construcción del futuro de nuestro planeta: la negación, la indiferencia, la resignación y confianza en soluciones inadecuadas.

            Además, no podemos limitarnos solamente a la dimensión económica y tecnológica: las soluciones técnicas son necesarias pero no suficientes; también es esencial y justo tomar en consideración los aspectos y las repercusiones  éticas y sociales del nuevo paradigma de desarrollo y progreso a corto, medio y largo plazo.

            En esta perspectiva, parece cada vez más necesario prestar atención a la educación y los estilos de vida inspirados  por  una ecología integral, capaces de asumir un enfoque honesto de la investigación y un diálogo abierto donde las diferentes dimensiones del Acuerdo  de París se entrelazan. Éste, es bueno recordar, “nos recuerda la grave responsabilidad […] de actuar sin demora, de la forma lo más libre posible de presiones políticas y económicas, superando los intereses y comportamientos particulares “(ver Mensaje a la COP-22). Se trata, concretamente, de favorecer la difusión de una “conciencia responsable” hacia nuestra casa común (ver encíclica Laudato si ‘nn 202.231) a través de la contribución de todos, estableciendo con claridad las diferentes formas de acción y de asociación entre las diversas partes interesadas, algunas de los cuales no dejan de destacar el talento del ser humano en favor del bien común.

            Al tiempo que  le saludo Sr. Presidente, y a todos los participantes en esta Conferencia, espero que, bajo su respetable guía y la de las Islas Fiji,  los trabajos de estos días estén animado por el mismo espíritu colaborativo y propositivo manifestado durante la COP-21. Así será posible acelerar la toma de conciencia y la consolidación de la voluntad de adoptar decisiones realmente eficaces para combatir el fenómeno del cambio climático y, contextualmente, combatir la pobreza y promover un verdadero desarrollo humano integral. ¡Que la sabia providencia del Altísimo os sostenga en este esfuerzo!