El pasado 24 de febrero, se abría en la Catedral de Cádiz, el Proceso de Beatificación y Canonización de María del Prado Almagro Roldán, fundadora de Hogar de Nazaret

En el centro de la imagen va el Siervo de Dios Pedro Manuel Salado Alba, HN, cuya Positio sobre el“ofrecimiento de la vida”, ha sido consignada en el Dicasterio de los Santos el pasado diciembre

En el centro de la imagen va el Siervo de Dios Pedro Manuel Salado Alba, HN, cuya Positio sobre el
“ofrecimiento de la vida”, ha sido consignada en el Dicasterio de los Santos el pasado diciembre

 

La fundadora de Hogar de Nazaret «defendió la dignidad del hombre sin hacer apología»

            La Iglesia celebró el sábado 24 de febrero la apertura en la diócesis de Cádiz de la causa de beatificación de María del Prado Almagro

Fue una mujer «muy de Dios». «Excepcional». Menuda pero enérgica. Que invitó a los que la rodeaban a fijarse en la Sagrada Familia y en la cruz. «Siempre muy fiel a la Iglesia y a su magisterio». Alegre. Mucho. La causa de beatificación y canonización de María del Prado Almagro Roldán, fundadora de Hogar de Nazaret, se abrió el sábado 24 de febrero en la diócesis de Cádiz a las 13:00 horas. Previamente, a las 12:00 horas, se celebró una Eucaristía en la catedral presidida por el obispo Rafael Zornoza. Manuel Jiménez es el postulador de la causa. Si es hoy sacerdote «es gracias a ella, que apostó por ese joven loco que apareció por Hogar de Nazaret; no sé qué vio, pero supo que esa vocación ya estaba». «Ya en vida —continúa Jiménez— teníamos claro que en Prado había santidad». Así que a los cinco años de su muerte, cuando estuvo permitido, «empezamos el proceso para abrir la causa», porque aunque tenga fama de santidad, «esta tiene que ser documentada, probada y se requiere un proceso eclesiástico sólido». De Prado se conservan más de 1.000 cartas escritas «que te elevaban»; para ella eran misivas «normales», pero abría el corazón de tal manera que era imposible no trascender. Ella era así. «En las sobremesas, si salía algún tema, digamos, paganillo, nos decía: “Vamos a leer algo del Papa, que nos va a ayudar”». ¿Tres características suyas? Mujer de piedad profunda, de docilidad y de oración. En esto último no había quien la superara. «No sabíamos cuándo empezaba el día de Prado, porque siempre la veíamos en la capilla por la mañana; yo intentaba ganarla, pero nada», bromea el postulador. Después, «se ponía su mandil y a trabajar». También transcribía escritos del Papa, al principio a máquina, después a ordenador. «Madre, pero si está en internet, es copiar y pegar». «¡Anda, tú qué vas a saber!», respondía resuelta. Sobre la docilidad, Jiménez habla de cómo consultaba con su director espiritual o con el obispo. «Quería tener la certeza de que Dios la bendecía». Y mujer de piedad, con la Virgen María en el centro de su espiritualidad y el «acordaos» en sus labios. Teresita del Niño Jesús fue santa de su devoción, y también san Juan de Ávila, santa Teresa de Jesús, san Juan Bosco…

Corazón de madre

Prado nació en Miguelturra (Ciudad Real) en 1932. Tras 20 años de apostolado por toda España, inició en Málaga y Córdoba la acogida de menores en situación familiar desfavorable, fundando hogares con una atención personal y directa, que se distinguieran por los pequeños detalles y el ambiente sencillo y acogedor. En 1978 su obra recibió la primera aprobación eclesiástica con el nombre de Hogar de Nazaret, institución de vida consagrada formada por hermanas y hermanos consagrados, sacerdotes y laicos. En la actualidad está presente en varias diócesis de España, Ecuador, Perú y República Dominicana. «Madre Prado nos ha ayudado a convencernos de que podemos ser santos», sostiene el postulador. Apostó por los laicos, «lanzándolos a la misión», y «defendió la dignidad del hombre, de la mujer y de la familia desde el día a día», sin hacer «apología de nada».

Fue una mujer «con corazón de madre», continúa la hermana Consuelo Csanady, su sucesora. «Se preocupaba por tus preocupaciones». Muy exigente, pero a la vez «comprensiva con las equivocaciones». Inspiraba confianza y «tenía un punto de chispa muy gracioso». La hermana Consuelo reconoce que a veces la espiaba «para aprender» de ella. Y veía cómo hablaba con el Señor en voz alta, «con una intimidad y un afecto» sorprendentes. Conoció a la madre Prado cuando tenía 15 años. «¿Sacas buenas notas?», le preguntó la fundadora. «Sí». «¿Las mejores posibles?». «Eso no…». «Pues a ver si cuando llegues al cielo te ponen una pegatina: “Aprobó porque tenía capacidades, pero fue una floja”». Prado era una mujer que «cuidaba el momento presente». «Si lo haces —decía—, el Señor te mostrará el futuro». En los últimos años fue dulcificando su carácter. «Se gana más el corazón con la dulzura», decía. Se fijaba en los detalles. El día antes de morir, Nochebuena de 2017, ya en el hospital, le dijo a su sucesora: «Consuelito, ¿cuándo te vas a cortar el pelo?». Lo recuerda la hermana, igual que lleva grabadas en el corazón sus últimas palabras: «¿Habré amado de verdad?».

También Pedro Manuel

La apertura de la causa de María del Prado supone para la congregación, según la hermana Consuelo, «darnos cuenta y convencernos de que este carisma es camino de santidad», que en palabras de madre Prado consiste en «conocer, amar y seguir a Jesucristo». Que es camino de santidad «se pone de manifiesto en la fundadora y también en el hermano Pedro Manuel». Efectivamente, este último, misionero en Ecuador, murió en 2012 dando la vida por siete niños atrapados por la resaca marina en una excursión a la playa. El hermano los salvó a todos antes de morir ahogado. La fase diocesana de su causa de beatificación concluyó en 2021 y ya está abierta en Roma.