Homilía

P. Raniero Cantalamessa. Predicador de la Casa Pontificia

P. Raniero Cantalamessa. Predicador de la Casa Pontificia 

«En aquel tiempo instruía Jesús a sus discípulos. Les decía: ——El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y, una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino?
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: —Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: —El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

XXV del tiempo ordinario (año B) – 19 de septiembre del 2021

Sabiduría 2, 17-20; Santiago 3, 16-4, 3. ; Marcos 9, 29-36

QUIÉN QUIERE SER EL PRIMERO

 

 

Homilía“Si uno quiere ser el primero”…:y ¿Quién no quiere ser el primero? La tendencia a sobresalir, a ser el primero, es parte de la naturaleza humana. En física se conoce el principio de Arquímedes, sobre el cual se basa todo tipo de navegación marina: un cuerpo sumergido en un líquido recibe un empuje hacia arriba, tanto más fuerte cuanto más este es voluminoso, por lo tanto mayor es la cantidad de líquido que mueve. Dentro de nosotros está escondida una fuerza análoga que nos empuja irresistiblemente hacia arriba, a sobresalir, a flotar por encima de los demás.

Lo he dicho en otra ocasión: si pudiéramos representarnos visiblemente la humanidad entera, tal como esta debe aparecer a los ojos de Dios, probablemente veríamos el espectáculo de una muchedumbre inmensa de personas que se levantan sobre las puntas de los pies, que intenta levantarse uno por encima del otro, aplastando, quizás al que está a su lado y todos gritando: “¡Yo también, yo también estoy en el mundo!”. Tenemos miedo de pasar ocultos, de no hacernos notar.

Hoy en día esta tendencia a “sobresalir” está más acentuada y se ha transformado en un frenesí, empujando a hacer las cosas más absurdas para hacerse notar, aunque sea en el mal y en el crimen. Incluso cuando no se llega a estas formas extremas, tenemos el arribismo y la competitividad exasperada, que caracterizan nuestra sociedad.

Cuantas cosas se hacen para no ser menos que el vecino, que el colega, que la amiga. ¿Que pensar de esta tendencia, a la luz de lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: “El que quiera ser el primero, que se haga el ultimo”? ¿Es que Jesús condena el deseo de ser el primero, de hacer cosas grandes en la vida, de dar lo mejor de si mismo, y privilegia en cambio la desidia, el espíritu renunciatario, los holgazanes? Así pensaba el filósofo Friedrich Nietzsche. El se sintió en deber de combatir ferozmente el cristianismo, reo, a su parecer, de haber introducido en el mundo el “cáncer” de la humildad y de la renuncia. En su obra famosa, Así habló Zarathustra, Nietzsche opone a este valor evangélico el de “voluntad de potencia”, encarnado en el superhombre, el hombre de “la gran salud”, que quiere exaltarse y no rebajarse.

Podría ser tal vez que los cristianos hayan interpretado mal el pensamiento de Jesús, dando lugar a este mal entendido. Ciertamente no es esto lo que quiere decirnos el Evangelio. “Si uno quiere ser el primero…”. Por lo tanto es posible querer ser el primero, no está prohibido, no es pecado.

Con estas palabras no solo Jesús no prohíbe el deseo de querer ser el primero antes bien lo anima. Solamente que nos revela un camino nuevo y diferente para realizarlo: no a costa de otros, si no en favor de otros. De hecho Jesús añade: “Se haga el ultimo de todos y el siervo de todos”. El camino hacia arriba se ha transformado en un camino hacia abajo. El último de la fila puede ser muy bien el primero: depende por donde se empieza.

Pero ¿Cuales son los frutos del primero y del segundo modo de sobresalir? La voluntad de potencia lleva a una situación en la que uno domina y los demás sirven; a uno le hace feliz (si es que en esto puede existir felicidad), y a los otros infelices; uno solo sale vencedor, todos los demás vencidos; uno domina, los demás son dominados. En el servir, en cambio, la situación se vuelve al revés: todos se benefician de la grandeza de uno. Quién es grande en servir, es grande el y vuelve grandes a los demás; en cambio de levantarse sobre los demás, levanta consigo a los demás.